Libros recomendados

LIBROS RECOMENDADOS
POR LA
ASOCIACIÓN DE EDITORES DE POESÍA
2016

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1.- JARDÍN NUBLADO,

de Francisco Brines.

Edición de Juan Carlos Abril.

Editorial Pre-Textos, Colección “La Cruz del Sur” (Antologías),

nº 1.376.

228 páginas.

 

“Ante el jardín nublado”, perteneciente al libro de 1986 El otoño de las rosas, Premio Nacional de Poesía, es uno de los textos más memorables de Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932), autor adscrito a la promoción del 60 y una de las voces imprescindibles de la lírica española contemporánea, por lo que ha merecido el Premio Nacional de las Letras y el Premio “Reina Sofía” de Poesía Iberoamericana. Del citado título toma su nombre la presente antología, Jardín nublado, editada por Pre-Textos y cuyo responsable, el poeta, profesor y crítico literario Juan Carlos Abril, escribe lo siguiente en el breve y certero estudio que acompaña al volumen: “La herencia grecolatina (…) y su poética materialista que huye del idealismo trascedente y se afana por la experiencia sensible, aferrándose a sus signos, definen con precisión la obra de Brines”.

 

También lo hace la conciencia de lo efímero del ser humano, del tiempo que otorga y destruye, y la construcción del poema como espacio de evocación y conocimiento. Todas ellas constantes de una poética desarrollada a lo largo de siete libros –Las brasas, Materia narrativa inexacta, Palabras a la oscuridad, Aún no, Insistencias en Luzbel, El otoño de las rosas y La última costa-, ampliamente representados en esta antología, que se enriquece con un apéndice de diez “poemas de un libro inédito”. Ocasión perfecta para reencontrarse con textos fundamentales de Brines como “Mere Road”, “Palabras para una despedida” o “Cuando yo aún soy la vida”: “Y el pecho se consuela, porque sabe / que el mundo pudo ser una bella verdad”.

 


 

 

 

2.- BALADA EN LA MUERTE DE LA POESÍA,

de Luis García Montero.

Ilustraciones de Juan Vida.

Visor Libros,

Colección “Palabra de Honor” – Visor Poesía, nº 26.

72 páginas.

 

“La poesía ha muerto, es una noticia. Puede verse el cadáver mientras la gente huye de sí misma, mira hacia otro lado, evita contestar y un cielo color aguardiente pudre la pantalla.” Tal revelación se nos hace al poco de comenzar Balada en la muerte de la poesía, sorprendente libro con el que Luis García Montero (Granada, 1958) regresa al ámbito de la prosa poética, que había marcado con perfilado sello sus inicios en la literatura a través, precisamente, de su obra inaugural, Y ahora ya eres dueño del Puente de Brooklyn. Valeroso gesto de una voz consagrada y fundamental para entender la evolución de la lírica española en las últimas décadas; Premio Nacional de Poesía por su libro de 1994 Habitaciones separadas, y Premio Nacional de la Crítica en 2003 por La intimidad de la serpiente.

 

Si la poesía ha fallecido; si de hecho el sujeto poético mismo asiste al entierro al día siguiente de que los medios de comunicación de masas certificaran el óbito, cabe preguntarse cuál es “el vocabulario de esta muerte”: “Utilidad, mercantilismo, demanda, eficacia, nuevos tiempos, caracteres, prisa, cambio de época, ayer”. La ausencia de un papel relevante y transformador de la lírica en nuestro tiempo –“es el otoño del significado”- da pie a esta “balada” con espíritu de elegía, y cuya estructura en veintidós secciones depara, además de la concurrencia de los grandes maestros –Leopardi, Baudelaire, Rubén Darío o Lorca-, una escritura imaginativa, rica, muy despierta, enaltecida por pasajes tan brillantes como el IX –intenso su despliegue de ciudades amadas- o el XXII y último, con sus homenajes finales y su tono conmovedor.

 


3.- NO EN MIS DÍAS,

de Pere Gimferrer.

Fundación José Manuel Lara, Colección “Vandalia”, nº 70.

Grupo Planeta.

88 páginas.

 

“En sí, es el poema intemporal. / En sí, es el poema un temporal.” Dos versos que albergan una radiante paronomasia, y con los que Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) parece resumir, en su esperado regreso lírico a la lengua castellana, su visión de la poesía como hecho artístico autosuficiente y, por ello mismo, capaz de generar una rozagante vida interior a caballo entre las emociones y un irreprimible y populoso acervo cultural. Muy reconocido representante de la llamada promoción “novísima”, Premio Nacional de Poesía en 1966 por su segunda obra –la célebre Arde el mar-, Premio Nacional de las Letras Españolas en 1998 y Premio “Reina Sofía” de Poesía Iberoamericana en 2000, Gimferrer ha entregado ahora a la imprenta No en mis días; el mismo año de la aparición de su más reciente poemario en catalán, Marinejant, pero cuatro después de la que había sido su última incursión creativa en castellano, Alma Venus, de 2012.

 

No en mis días es un libro concebido desde una fecunda contradicción: su título alude a un rechazo del tiempo presente y la realidad circundante que lo nutre –“Vivimos una noche de cariátides, / solemne, pero bufa y sanguinaria”-, y, pese a ello, el sujeto lírico, sabedor de que la inhibición es imposible, acaba articulando un inconformista discurso poliédrico en el que llegan a aparecer Julian Assange o Christine Lagarde; en el que la más rabiosa actualidad tiene cabida: “Los estafados / ¿merecieron adrede la estafa que hoy estalla en sus rostros, / espantasuegras de las fiestas patrias? / No darán sepultura al Sabbat de Suresnes”. La densa urdimbre de referencias cruzadas alcanza espacios de apogeo como “Too much Johnson”, y en el poema de mayor longitud, titulado “Teatro de sombras”, una cita del imprescindible Octavio Paz de “Piedra de sol” sirve de dinamo (“Madrid, 1937, Plaza del Ángel”). “Mordemos la bebida del relámpago”, escribe el autor, llevado por el amor y la pasión erótica, y ello interpreta la milagrosa relación entre lírica y tiempo, tan sutilmente aquilatada en el poemario: “el talismán del tiempo es el presente / prendido por el verso en alfiler”.

 


 

4.- GLORIA,

de Julio Martínez Mesanza.

Ediciones Rialp, Colección “Adonáis”, n.º 650.

64 páginas.

 

La antología Soy en mayo, publicada en 2007 por la editorial sevillana Renacimiento, había ofrecido una intensa panorámica de la creación debida a Julio Martínez Mesanza (Madrid, 1955), cuya ambiciosa “opera prima”, Europa, de 1983 y ampliada en sucesivas ediciones, puso a la crítica tras la pista de una posible dimensión épica para la reciente poesía española. Las obras posteriores del autor –Las trincheras (1996), Entre el muro y el foso (2007)- vinieron a esclarecer las auténticas intenciones de una poética bien singular, donde el gusto por la historia se convierte en enseñanza moral para nuestros días, desde una perspectiva judeo-cristiana tan recalcitrante como evocadora.

 

Tras casi una década de silencio editorial, y esta vez bajo el sello de la Colección “Adonáis”, el sucinto volumen titulado Gloria reúne los poemas de Martínez Mesanza escritos entre 2005 y 2016; poemas que llevan por bandera el endecasílabo blanco tan característico del autor, y que adoptan un tono de lirismo reflexivo capaz de generar el devenir hipnótico de “La hermosura para qué”, la emoción sencillísima de “Gino”, o cimas tan logradas como “Safo dieciséis” y “De los laberintos”. Culturalista con precisión de bisturí, Gloria –libro dividido en cinco pequeñas secciones- no desea sustraerse a la polémica ideológica: la oportunidad de un poema como “Jan Sobieski” podría discutirse, de igual modo que la mera concepción del otro titulado “Los carros de Kipur”. Por suerte, a pesar de la obsesión judeo-cristiana por la culpa, a pesar de que “el polvo y el desorden de esta tierra” no merezcan la hermosura, la gracia se torna humana, y por ello rabiosamente salvadora, en textos como “Por el infierno tibio”: “…porque no hay dirección si el ansia falta, / un poco de pasión en lo que haces / y llevar hasta el fin lo que pensabas”.


 

5.- JUEGO DE ESPEJOS,

de Carlos Guerrero.

Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, nº 597.

128 páginas.

 

Nada más empezar su excelente prólogo a Juego de espejos, María Jesús Mingot aporta, sintetizadas, las claves creativas de su autor, el poeta nacido en Zamora y afincado en Málaga Carlos Guerrero, quien “ya había meditado en anteriores ocasiones sobre su experiencia del tiempo y sobre la vida cotidiana, sobre el paraíso perdido de la infancia, sobre la memoria, la soledad, el dolor, la ruptura de la unión del hombre con la naturaleza, y recurrentemente sobre el amor (…), y lo había hecho con un estilo propio y una voz bien definida, impregnada de un existencialismo que aquí se plasma en toda su profundidad”. Juego de espejos, efectivamente ese aludido “aquí”, supone para Carlos Guerrero el afianzamiento de una trayectoria poética que, en los últimos seis años, y principalmente bajo el sello de Ediciones Vitruvio, ha conocido una singular eclosión merced a Las horas descontadas, Los espacios vacíos, Bosque de eucaliptos, Certidumbre del invierno y El bosque ardido; obras que han ido conduciendo hasta esta nueva entrega, donde el “desengaño brutal de seguir vivos” resulta especialmente desolado y rotundo.

 

Como su mismo título ya da a entender, el espejo es símbolo máximo en estas nutridas páginas –nada menos que ochenta y seis poemas, repartidos en cinco secciones, se reúnen en ellas-; el espejo de quieta furia que transforma al sujeto lírico en despiadado retrato general de la condición humana (“Somos tristes muñecos / en manos de un destino aleatorio y cruel”), y de cuyo azogue nace la oscura reiteración de una tragedia: la soledad como fruto de la alienación del hombre y de la muerte de sus esperanzas (“La soledad que impera por todas las esquinas / ha cortado los puentes y enmudecido a Dios”). El pulmón lírico de la obra se estremece en su conmovedora tercera parte, “Amado desamor” –repleta de instantes de patético deslumbramiento-, en la glosa de cada prórroga que parece conceder el tiempo mismo, y en la dialéctica establecida entre la memoria y su reverso: “…para quedarme inmerso en la absoluta paz / que supone el olvido”.

 


6.- CARRUSEL,

de Ioana Gruia.

Visor Libros, Colección Visor de Poesía, nº 947.

XIV Premio de Poesía “Emilio Alarcos”.

72 páginas.

 

Curioso el caso de la poeta de origen rumano Ioana Gruia (Bucarest, 1978), no sólo vinculada estrechamente al territorio español –es investigadora y profesora de literatura comparada en la Universidad de Granada- sino dominadora absoluta de la expresión lírica en castellano. También narradora y ensayista, su poemario de 2011 El sol en la fruta había obtenido el Premio “Andalucía Joven”; ahora ve la luz Carrusel, obra ganadora en septiembre de 2015 del Premio de Poesía “Emilio Alarcos”, lo que supone la incorporación definitiva de Gruia al panorama actual del verso en nuestro país.

 

A pesar de cuanto su título pudiera sugerir, Carrusel no es un libro hipnóticamente circular; al contrario, a lo largo de sus cinco partes –la denominada igualmente “Carrusel”, “Huellas de un animal sobre la nieve”, “Fisuras”, “Una forma de bondad” y “La casa poema”- cabe descubrir una linealidad trazada desde la evocación de los primeros años –“Una niña muy seria, / en la antigua avenida de mi infancia, / me visita en los sueños. / ¿Qué has hecho de mi vida?, me pregunta”- hasta el sentimiento de la maternidad, que brillantemente desemboca en la idea de la poesía como refugio –“Me gustaría que habitaras este poema / como habitas mi vientre. / Que fuera para ti una casa”-. Y si la sección titulada “Fisuras” resulta algo más turbia y patética, “Una forma de bondad” vira sensiblemente hacia el amor, con soneto incluido (“Tu risa”). Es el vitalismo lo que mueve el corazón de Carrusel, como puede apreciarse en el poema “El girasol”: “Ningún consuelo en el dolor antiguo. / Sólo la luz es cicatriz posible. / Tráeme el girasol”.

 

 


7.- PALABRANDO,

de Emilio González Martínez.

Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, n° 614.

74 páginas.

 

Emilio González Martínez (Buenos Aires, Argentina, 1945) es uno de los más relevantes poetas iberoamericanos afincados en España, donde reside desde 1977. Psicoanalista de gran prestigio y prolífico articulista y ensayista en la materia, sus poemarios iniciales –El otro nombre, Tragaluces, Hojas debidas– dieron noticia de una voz serena y honda, indagatoria y de rica expresividad. En 2014, un libro de lúdica sistemática y poderosas intuiciones, Escoba de quince –abecedario de la poesía-, rompió un silencio editorial de más de una década, y ahora, de nuevo bajo el sello de Vitruvio, ve la luz el cuajado vértigo de Palabrando, su obra quizá más decididamente personal.

 

Ya en la suerte de autorretrato que sirve de obertura al libro, “Leyenda personal”, leemos una declaración sustantiva: “toda la vida / ¡qué pequeña parece frente a las letras!”. Así, el discurso de Palabrando camina verso a verso sobre el alambre lírico, en un arriesgado equilibrio entre vida y lenguaje que parte de la afirmación identitaria –“Si algo hay que gritar seré del Sur / frente al norte del lamento monetario / y la técnica perfecta para sonreír”- y se hace fuerte en los predios del amor, cuya pasión erótica culmina en el extraordinario poema “A tu amor único o no único”. No es Palabrando una obra de desalientos: “Sobrevivo, / por ahora, / a la tierra y al cielo. // Soy todo amanecer”. Y ello pese a la asfixia a la que puede someter la conciencia del lenguaje como arma colonizadora de la realidad y del propio yo –“Dónde esconder mi nombre / para que no me encuentre”- y, al mismo tiempo, el vértigo que produce la mera sombra de su ausencia –“Y cómo me llamo / cuando nadie me nombra”-.

 


 

8.- CORTEZA DE ABEDUL,

de Antonio Cabrera.

Tusquets Editores,

Marginales, n° 293. Colección “Nuevos textos sagrados”.

112 páginas.

 

Una cita inicial de Théophile Gautier pone adecuadamente sobre aviso a los lectores de Corteza de abedul: “Je suis un homme pour qui le monde extérieur existe”. Mirar ese mundo exterior, y capturarlo poéticamente en su infinidad de matices, es el reto que se impone el poeta andaluz, aunque afincado en la Comunidad Valenciana, Antonio Cabrera (Medina Sidonia, Cádiz, 1958) con este nuevo libro de su autoría, después de que en 2014 la antología Montaña al sudoeste resumiera todo un primer tramo creativo, con cuatro poemarios en su haber: En la estación perpetua (2000, Premio Internacional de Poesía “Fundación Loewe” y Premio Nacional de la Crítica), Tierra en el cielo (2001), Con el aire (2004) y Piedras al agua (2010).

 

“Traje a casa corteza de abedul / para tener al lado, junto a todo lo mío, / una cosa que fuera lo contrario / a mí.” De este modo el sujeto poético inicia un viaje de la mirada en el que irá de sutileza en sutileza, incurriendo quizá en algunas piruetas de pensamiento y episódicas densidades, pero con la certidumbre de que la emoción se verá resarcida por los alardes del agudo observador –“qué suavemente limpia / la zona de no ser / que hay alrededor de lo que existe”-, y así podemos comprobarlo por extenso en el poema titulado –con el casi intraducible verso de Virgilio en La Eneida– “Sunt lacrimae rerum”. Y si “las cosas llegan a sentir desvalimiento”, aún más relevante se antoja “¿cómo pasan al poema las cosas que suceden?”, en un mantenido afán de aprehender su esencia, ya en perpetua fuga, ya en apoteósica estampa: “¿cómo voy a rozar siquiera el mundo / mientras está reverberando entero?”. El sencillo y hondo fervor llega en textos como “Oración”, y en pasajes de luz disolutiva: “Mi mano no era nada. Yo fui nadie”.

 


 

9.- ADAGIO PARA UN SILENCIO,

de Blanca Sarasua.

Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, nº 572.

96 páginas.

 

La concesión en 2008 del Premio Internacional de Poesía “San Juan de la Cruz” a la obra Música de aldaba puso de relieve la, ya por entonces, destacada trayectoria de Blanca Sarasua (Bilbao, 1939), galardonada igualmente con el Premio “Ernestina de Champourcín”, y cuyo primer poemario, Cuando las horas son fuego, data de 1984. Posteriormente, trabajos como El cerco de los pájaros, Ático para dos, Ballestas contra el miedo, Rótulo para unos pasos, Coyunda recia o Baciyelmo vinieron a consolidar una voz lírica que se cuenta entre las más importantes surgidas durante las últimas décadas en el País Vasco. Adagio para un silencio, la obra que ahora aparece bajo el sello de Vitruvio, corrobora tal apreciación.

 

Si el jurado del Premio “San Juan de la Cruz” ya destacó en Música de aldaba el uso de un leguaje despierto, y a veces de una sorprendente novedad, aquí cabe hacer lo propio –“qué sano el soliloquio para un rato / de buena cobertura, / ¿y si me reinicio?”; “aún conservo el email de mi hada madrina”-. Algo nada baladí, habida cuenta de que nos encontramos ante un poemario con trasfondo elegíaco, dominado por el sentimiento de la ausencia –“…no hay manual de instrucciones / para la soledad”-, y que se inicia con un hallazgo conmovedor: “Buenas tardes, silencio, / cómo me has encontrado”. No obstante, la postura del sujeto poético rechaza la tragedia y el miedo –“tendré que asesinarte”-, persigue una fecunda alianza entre el silencio y la música, constata la realidad circundante a través de frescas revelaciones –“Este mar que vocea mi nombre / sabe mucho de mí. / Nos lo hemos dicho todo”-, y, sin perder la capacidad para la sorpresa –“sorprenderse es vivir”-, se abona con lucidez a la ilusión –“Qué bien viajas conmigo, soleada esperanza. / Yo, subida al estribo del vagón de tercera / y tú en primera clase”-. Blanca Sarasua acierta a componer en Adagio para un silencio una partitura vibrante de afirmación y fe líricas: “Sembrar una semilla por si crece, / regarla con metáforas. / Quién sabe”.

 


 

10.- POESÍA SOBRE TODO:

101 TENTATIVAS DE JACO LIUVA,

de José Luis Pérez Fuente.

Editorial Poesía eres tú. Colección “Poesía eres tú”.

180 páginas.

 

Poesía sobre todo: 101 tentativas de Jaco Liuva ha supuesto la entrada en el ámbito de la creación literaria, y obviamente también en el panorama editorial de hoy, de José Luis Pérez Fuente, quien, no obstante, ya contaba con una amplia experiencia en la redacción y publicación de obras didácticas, resultado de su doble condición de maestro especialista en Lengua Francesa y Educación Física, y también de profesor de Lengua castellana y Literatura, con más de tres décadas de docencia a sus espaldas.

 

Este poemario inaugural de Pérez Fuente sobresale por su generosa amplitud, y aún más por la diversidad de enfoques, algo en lo que se adivina una ambición totalizadora con sus juegos de formas y su variedad de estructuras. La precisión léxica no está reñida con la ironía en momentos particularmente brillantes, como cuando al sentimiento amoroso se le aplica la lupa de la lucidez; así nos encontramos con “Domótica sensible”, un poema sumamente ingenioso en el que los alardes tecnológicos de nuestra época nada pueden ante el vértigo del amor. Otra faceta irónica es la que nos muestran textos como “Murió de invisibilidad”, repaso por las formas en que uno puede pasar absolutamente inadvertido en nuestro tiempo. Con todo, la preocupación por el ser humano se desnuda de juegos en pasajes de capital importancia: “Escuché / los nombres del miedo / y eran los del dolor del hombre, / de la sumisión y de la ausencia. // Eran los nombres del hombre”.


 

11.- LA METÁFORA DEL CORAZÓN,

de José Pulido.

Ediciones de la Diputación de Salamanca,

Serie Lengua y Literatura, nº 38.

III Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”.

88 páginas.

 

Verso a verso desde 1983, la trayectoria creativa del periodista andaluz, aunque afincado actualmente en Ávila, José Pulido (Jaén, 1958) se ha edificado con el buen hacer de una progresión incontestable. Trabajos como Viejos rituales, La ciudad y la reina, Movimiento circular, El corazón disperso y, significativamente, La línea de la vida, Premio Internacional de Poesía “San Juan de la Cruz” en 2013, han jalonado un seguro caminar, que ahora vuelve a verse reconocido con un destacado galardón: el III Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador” –obtenido “ex aequo” con la escritora mexicana Ingrid Valencia-. Ello ha conllevado la publicación, por la Diputación de Salamanca, de La metáfora del corazón, obra con la que el autor ensancha y profundiza su decir lírico, su cantar.

 

“En La metáfora del corazón, José Pulido convierte el latido del corazón de los hombres en un verdadero signo universal. Signo de la vida frente a la muerte. Signo de la música, del ritmo, de la armonía. Signo sobre todo del tiempo.” Palabras acertadísimas de Carlos Aganzo en su prólogo al poemario, donde las piezas amplias predominan e imprimen un carácter textual evolutivo, como el inaugural “Fundación del calendario” y su rotunda declaración de apertura: “Acepté la herida del instante y su belleza, / los preceptos del recuerdo.” El característico verso armónico y ritmado cede llamativamente su protagonismo en dos textos: “Tapiz” y “El tiempo de la poesía”, prodigioso poema en prosa, suerte de hermanamiento lírico entre nuestro Jorge Manrique y el azteca Nezahualcoyotl, cuya emoción sencilla e intensísima captura la esencia de todo un libro: “Más allá del tiempo y la distancia, sobre un abismo nunca atravesado, en el corazón de su lengua, dialogan los poetas sobre el mismo dolor, la misma herida, la lucidez sin descanso de ser hombre”.

 


 

 

12.- EL AMOR ES LO DE MÁS,

de Alberto Cuenca Serrano.

Editorial Poesía eres tú. Colección “Poesía eres tú”.

88 páginas.

 

Un juego de palabras nos da la bienvenida a este libro desde su mismo título, El amor es lo de más. E, indudablemente, Alberto Cuenca Serrano, escritor nacido en Madrid y diplomado en Magisterio por la Universidad Complutense, saca provecho a esa perseguida ambivalencia acerca del papel del amor en la vida de los seres humanos -¿papel principal o secundario?- merced a un trabajo poético de notable frescura expresiva, donde la narratividad suele fluir hacia un tono irónico que no excluye directamente el sarcasmo, como ocurre en el poema “14 f. San Valentín”: “Otro San Valentín, pongámosle precio al amor, / la hipocresía está de oferta”.

 

En efecto, es quizá en la sátira donde El amor es lo de más alcanza sus mejores momentos, y el texto titulado precisamente así, “Sátira”, incide en un humor corrosivo y al cabo demoledor: “Hemos corrido tanto… Piso, boda, hijos, / que cuando nos hemos querido conocer / ya no teníamos ni tiempo ni ganas. / Por cierto, / ¿cómo decías que te llamabas?” El amor, en fin, como una ponzoña, como un filtro tan eficaz como venturosamente necesario: “Miénteme, / cuéntame mil cuentos, / no se te ocurra decirme lo que ya sé, / porque entonces no tendré más remedio que dejarte” (del poema “Dame veneno, pero no me enseñes el frasco”).

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LIBROS RECOMENDADOS
POR LA
ASOCIACIÓN DE EDITORES DE POESÍA
2015

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1.- DESAPRENDIZAJES,
de José Manuel Caballero Bonald.
Editorial Seix Barral, Colección “Los Tres Mundos” – Poesía.
128 páginas.

“No voy a escribir nada más”, aseguró José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) justo tras la publicación en 2012 de su ambiciosa autobiografía poética Entreguerras, y pocos meses antes de ver coronada su magistral carrera literaria con la obtención del Premio Cervantes de ese mismo año. Por fortuna para la lengua castellana, el escritor andaluz decidió no cumplir su inicial propósito: entre marzo de 2013 y diciembre de 2014 compuso los noventa y un poemas en prosa que, con el título global de Desaprendizajes, al cabo han visto la luz en marzo de 2015.

Desaprendizajes supone un hito más de Caballero Bonald en su particular visión estética, por largo tiempo desarrollada y defendida; de hecho, el idioma es empleado aquí con tal riqueza y densidad -extrema en fragmentos como “Elogio de lo irreal”- que el lector, en ocasiones, puede sentirse de vuelta a la exuberancia lingüística de obras tan paradigmáticas como la novela Ágata ojo de gato, ambientada en la Argónida con la que el escritor ha recreado sistemáticamente sus dilectos paisajes del Coto de Doñana. A través de un poema en prosa como “Mater terra”, Argónida vuelve a hacerse presente en este nuevo libro cuyas preocupaciones, sin embargo, giran más bien en torno al valor de la escritura, y a una necesaria refundación de la realidad por medio del idioma, de su “nutrición interna”, de la “secreta actividad de las palabras, que no depende más que de su capacidad penetradora en el solar de lo desconocido”; y ello aunque resulte “difícil y acongojante desaprender lo aprendido hasta alcanzar la disyunción consoladora que retrotrae al seno prenatal de los acontecimientos”. Fragmentos como “Idioma de Poseidón”, “La mesa en la que escribes tiene un boquete atroz”, o esa suerte de “credo laico” titulado “Antídotos que el tiempo inutiliza”, pueden ya contarse entre los mejores logros poéticos de un maestro que, pese a no olvidar el prosaico mundo circundante merced a su acendrado compromiso cívico (“Vuelve a oírse el tropel irremediable de clérigos, prebostes, patriotas convenientemente adiestrados en la eliminación de discordantes”), no vacila en enfrentarse al pesimismo cuando ello resulta imprescindible: “…la alegría consiste en una vinculante apelación a la vida.”



2.- TERRITORIOS BAJO VIGILANCIA (Poesía reunida),
de Diego Doncel.
Visor Libros, Colección Visor de Poesía, nº 895.
244 páginas.

En el contexto de la moderna poesía española, y para entender cabalmente el singular carácter de su evolución artística, pocas trayectorias se antojarán más susceptibles de recopilación que la del autor extremeño Diego Doncel (Malpartida de Cáceres, 1964), a cuyo corpus poético acaba de añadirse un quinto trabajo, El fin del mundo en las televisiones, reciente ganador del XXVIII Premio “Tiflos”; nueva publicación tras el muy acertado lanzamiento de su poesía reunida, Territorios bajo vigilancia, donde sus cuatro poemarios anteriores trazan, cada vez más intensamente, y en palabras del propio Doncel, “una aventura radical del pensar y del sentir”.

Si El único umbral, inaugural entrega con la que el autor obtuvo el Premio Adonáis en 1990, representó, según el profesor, crítico y antólogo José Enrique Martínez, una “indagación en lo absoluto”, una “meditación sobre la vida desde el umbral de la muerte” (“…la vida con la muerte, la muerte / con la vida, confiadas. Dulce placer / de estar así tornado, con todo en alianza, / con estas claras manos y el sendero / tan cierto del amor”), Una sombra que pasa, de 1996, supuso el surgimiento de la desconfianza y la incertidumbre (“Igual que caen los días así sobre esta tierra / está cayendo la angustia sobre mi corazón”), además del arraigo de una oscura conciencia a propósito del sinsentido de la vida (“…al corazón / del hombre tras la muerte sólo le queda / el consuelo de no volver a pisar / esta tierra maldita”). “Todo es como una pobre metafísica que cansara”, llega a afirmar Doncel, y de ahí la conclusión del rapto metafísico a partir de su tercera entrega, En ningún paraíso (2005), con su ensanchamiento del universo referencial y su decidida incorporación del paisaje urbano; obra donde las ironías acerca de los lenitivos ofrecidos por la sociedad moderna para mitigar la angustia existencial no ocultan la posibilidad de salvación a través de la literatura, como lo demuestra el fabuloso poema “El lector de Montaigne”. Finalmente, Porno ficción (2011) constituye la evolución de la poesía de Doncel hacia su hoy muy patente inquietud social y cívica, en el marco de una realidad sometida a la sobreabundancia de información y a los simulacros generados por el consumo: “Nosotros no pensamos, nosotros consumimos pensamientos”.



3.- SABER DE GRILLOS,
de Vicente Gallego.
Visor Libros, Colección Visor de Poesía, nº 893.
XIII Premio de Poesía “Emilio Alarcos”.
92 páginas.

En palabras de Carlos Marzal, Vicente Gallego (Valencia, 1963) “ha viajado, en su aventura literaria, desde la poesía de la experiencia hasta la experiencia de la poesía entendida como una aventura verbal de la conciencia del mundo”. Incluso más allá de eso, ya desde la aparición en 2008 del libro Si temierais morir puede advertirse un punto de inflexión en la poética del autor: la dolorosa preocupación por la existencia del ser humano ha quedado trascendida por una suerte de intensa comunión con el universo, de manera que cada destino individual se resuelve sin duelo en un cosmos que todo lo contiene, lo explica y lo celebra, en su constante génesis. Fiel a tal presupuesto, Saber de grillos, XIII Premio de Poesía “Emilio Alarcos”, representa, en 2015, un paso más en el camino de Vicente Gallego hacia el éxtasis de una lírica que renueva, con acentos de modernidad, el ardor de los místicos. No en vano, en el poema titulado “Teología” leemos: “Y que pueda salvarnos / una brizna de hierba. // Esta verde de aquí, / la que me ama”.

Setenta y ocho poemas -entre los que se cuentan páginas tan vibrantes como “Soltura”, “Oír el gallo” o “Don de lágrimas”- conforman este Saber de grillos donde justo la figura de tan cantor insecto aúna, en palabras nuevamente de Carlos Marzal, “lo minúsculo y lo inmenso, lo lejano y lo próximo, lo palpable y lo invisible”; setenta y ocho poemas que en absoluto abocan a una notoria longitud, pues la obra se halla presidida por un coherente sentido de la concisión a tenor de lo afirmado por el propio sujeto poético, en una pieza significativamente titulada “Obediencia”: “No pretendo abreviar, es que me abrasa / esta brasa del canto entre las manos”. La fecunda asunción del dolor, característico de la condición humana (“Si no doliera así, ¿cómo podría / ser todo tan hermoso?”), origina, bajo los postulados de Gallego -que vienen propiciando una de las propuestas más hermosas del actual panorama lírico-, la salvación por la contemplación extática (“Ríndete, corazón, / que reina la belleza arrasadora”) y por el amor como secreta dinamo del mundo: “…este mal del que muero es la alta ola / de amor correspondido”.



4.- ULISES NUNCA VOLVIÓ A CASA,
de Alfonso Berrocal.
Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, n.º 479.
64 páginas.

Se esperaba con gran interés el nuevo trabajo de Alfonso Berrocal (Madrid, 1973), poeta que viene construyendo una sobresaliente obra lírica desde la segunda mitad de la década de los 90. A los libros aparecidos entonces -Al pie de las estatuas, Asceta- se sumó en 2006 La habitación del huésped, cuya hondura vino a confirmar el trazo deliberadamente despacioso de una carrera cimentada también en los necesarios y fértiles silencios. Nueve años después, en 2015, ve la luz Ulises nunca volvió a casa, breve e intensa entrega que sigue abriéndole camino a uno de los argumentos consustanciales a la lírica de Berrocal: la imposibilidad del arraigo.

Dividido en cuatro secciones -”Trampas de luz”, “Estado del lugar”, “Un barco a lo lejos” y “The man of the crowd”-, la nostalgia -“trampa de luz”, según formula el autor-, la sutil añoranza de los poemas iniciales pronto revela su naturaleza genuina (“Hambre de luz nos lleva / y distrae y nos pierde / y esa luz nos devora / hasta que la extinguimos”) y su incapacidad para mentirnos indefinidamente: (“Blanco, así de blanco es tu reino, / la nada de los mapas, nadie, / espuma.”) En consonancia con su mismo título, Ulises nunca volvió a casa también es un poemario sobre la intemperie, entendida como la destemplanza y zozobra del errabundo destino de los seres humanos entre sus semejantes, tantas veces ajenos (“…piensa que seguirás descalzo por los caminos, / por las calles donde el signo es confuso / y no hay nadie”). Sólo el amor, no por azaroso menos recio, le servirá de íntimo paisaje a la esperanza: “Un desnudo así / no podrá apagarse del todo / ni morir nosotros de piel a oscuras”.


5.- EVA TENDIENDO LA ROPA,
de Sandro Luna.
Editorial Pre-Textos, Poesía, nº 1.326.
XXVIII Premio Internacional de Poesía
“Antonio Oliver Belmás”.
76 páginas.

Licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona, con estudios complementarios en Filología Hispánica, Filología Catalana e Historia del Arte, y profesor de secundaria, la creatividad poética del escritor catalán Sandro Luna (L’Hospitalet de Llobregat, 1978) comenzó a trascender en 2007, y ya en 2010 mereció el XXXI Premio “Arcipreste de Hita” con el poemario ¿Estamos todos muertos?. Ahora le ha sido concedido otro relevante galardón, el XXVIII Premio “Antonio Oliver Belmás” del Ayuntamiento de Cartagena, con Eva tendiendo la ropa, título asimismo del antepenúltimo poema de una obra de extrema concisión -cincuenta y cuatro brevísimos textos la componen-, y que tiene bien presentes los últimos hallazgos de Vicente Gallego en lo que atañe a una celebración lúcida del mundo: “Tengo mi corazón / despierto como un faro. // Dentro de mí, / la noche. // Y todo se celebra.”

En la propuesta de Sandro Luna, la paz del yo lírico funda decididamente el laconismo deslumbrador del canto, como el poema titulado “Corazón” pone de manifiesto sin ambages: “Estoy en lo que miro, / y nada veo. / Esta paz es la mía.” La fusión del ser humano con el universo al que pertenece es de tal envergadura (“Me he perdido a mí mismo / y todo lo que encuentro me señala”) que el amor surge en el discurso con totalizadora espontaneidad: “Amor, amor, amor. // Que pueda así cumplirse / la vida con tan poco.” Sin mayores cuitas metafísicas ni esperanzas infundadas (“Tu reino es este mundo, / te engañas si tu empeño es discutirlo”), la aceptación de lo efímero parte de una brillante premisa: “Nada sabe la muerte que no sepas.” Y así, la liberación del espíritu por el despojamiento cifra el destino humano en la contemplación de la hermosura más allá de la vida: “He visto sin ser visto. / Sólo había belleza. / Y yo la alimentaba con mi muerte”.


6.- SERVICIOS INFORMATIVOS,
de Manuel de la Fuente Vidal.
Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, nº 501.
96 páginas.

Durante más de dos décadas, Manuel de la Fuente Vidal (Madrid, 1959) se ha labrado un sólido prestigio como periodista, en la siempre destacada sección de cultura del diario “ABC”. Ello no debe hacer olvidar una importante faceta creadora en el ámbito de la poesía -objeto, además, de su atención entregada y diversa en su quehacer como redactor-. En lo que a la publicación atañe, dicha creatividad ha tenido, hasta el momento, un único pero extraordinario testimonio: la obra Servicios informativos, con la que en 1995 cosechó el Premio de Poesía “Gerardo Diego” de la Diputación Provincial de Soria. Veinte años después, y con sumo acierto, Ediciones Vitruvio ha decidido recuperar para los lectores de hoy un trabajo cuyo primer valor, en palabras de Víctor García de la Concha, “consiste en el hallazgo de su estructura formal: la de un diario hablado”. Un diario hablado, no obstante, de ardorosa expresión y lirismo vertiginoso.

En los Servicios informativos de Manuel de la Fuente -dominados por una escritura torrencial, que toma cuerpo en poemas de notable extensión- el amor o el desamor y los hitos de la actualidad se funden indisolublemente, con la terrible Guerra de los Balcanes en primer plano a la sazón; de ahí las continuas referencias al conflicto, y la inclusión de un fabuloso poema en homenaje a la pareja de Sarajevo (serbo-bosnio él; musulmana ella) asesinada por francotiradores serbios, cuando ambos pretendían huir de la ciudad. El “cierto aire social, denunciante y hasta algo reivindicador” que De la Fuente señala sobre su obra -en el excelente prólogo por él mismo escrito-, junto a una voluntad de renovación expresiva acuñada en el vórtice periodístico, convierten cada gesto lírico en una exuberante amalgama: “…había subido el precio de los besos en el mercado negro / y miles de parados se alistarán de pronto / en la legión extranjera del amor…”. El desaliento insoslayable (“…y veo la esperanza / escabullirse entre la gente / como un inmigrante sin papeles”) no resta pundonor a un sujeto poético combativo, lleno de fuerza regeneradora, que “espera que alguien se haya dejado / olvidada una dosis / una mínima dosis de esperanza / en el cajón de la mesilla”.


7.- AMAR ES DÓNDE,
de Joan Margarit.
Visor Libros,
Colección “Palabra de Honor” – Visor Poesía, n° 25.
128 páginas.

“Si el poema conmueve lo hace a través de la vida del lector o de la lectora”: así lo afirma el propio Joan Margarit (Sanaüja, La Segarra, Lleida, 1938) en el epílogo de Amar es dónde, y así puede volver a apreciarse en este nuevo poemario de su autoría, que llega después del Premio Nacional obtenido en 2008 por el excelente Casa de misericordia (2007), y tras los libros Misteriosamente feliz, de 2009; No estaba lejos, no era difícil, de 2011; y Se pierde la señal, de 2013. La fecundidad de Margarit se sustenta en la cuajada energía de su voz, con la que dota a sus obras de una fascinante homogeneidad por encima de la diversidad temática, y se cifra en la aludida alianza emocional con los lectores, caja de resonancia para un estilo de palabras justas y sutiles verdades.

Sin que deba olvidarse el peso de las herencias históricas ni tampoco las inquietudes cívicas de Margarit, todo un universo propio que vuelve a comparecer en estas páginas –“Salvar la lengua me ha dejado / a merced de una gente que es la mía”-, Amar es dónde, en buena medida, se postula como un estudio lírico sobre el arraigo: “Amar es un lugar. / Perduro en lo más hondo: es de dónde venimos. / Y también el lugar donde queda la vida”. Arraigo que se constata en lances de mirada sencilla –“Tanto han crecido en el jardín los árboles / que nos dan la medida del pasado”-, incluso en la más dolorosa desposesión –según comprobamos en “Tarde de lluvia en el patio”, dedicado nuevamente a Joana, la hija perdida-, y que propicia el surgimiento de poemas como “Niebla” o el deslumbrante “La época generosa” –“…La vida se alimenta de días generosos. / De dar y proteger. / Si se ha podido dar, la muerte es otra”-. Idea sutil de pertenencia y perduración a través de lo amado, cuya luz no radica en la deserción del entorno –“Suele, en los refugios, / hacer más frío que en ninguna parte”-, sino en la lucidez de propuestas como “Albada”, donde, en un solo abrazo, cantan la culpa, la tristeza, la soledad y la ausencia. “…Recupero / el viejo impulso, el rayo luminoso / en esta oscuridad en la que amar es dónde”: comprometido aliento que, según lo acostumbrado –Margarit es poeta en lengua catalana, pero laborioso autor igualmente de la versión castellana de sus versos-, compone un sostenido y enriquecedor díptico bilingüe.



8.- VIDA SECRETA,
de Javier Rodríguez Marcos.
Tusquets Editores,
Marginales, n° 290. Colección “Nuevos textos sagrados”.
80 páginas.

Los vínculos con la literatura de Javier Rodríguez Marcos (Nuñomoral, Cáceres, 1970) desbordan su conocido trabajo como periodista cultural en el diario “El País”; atañen directamente a la creación y tienen como afán preponderante precisamente el universo de la poesía. Los libros titulados Naufragios, Mientras arden y Frágil, Premio “Ojo Crítico” de Radio Nacional de España en 2002, trazaron el camino hasta Vida secreta, una obra deliberadamente austera, cuya desnudez no es óbice para ocasionales digresiones en forma de inesperados desarrollos, pero dominada por un sentido del verso que busca la iluminación en la máxima concentración –de lo que resulta ejemplo perfecto un poema como “Rito”-.

Si “las palabras son / animales salvajes”, según proclama el inicio de la obra, pareciera que Vida secreta buscase sólo la fiereza justa en su expresión. Somos “nostalgia y cirugía”, leemos en el poema “Ya lo sé, la memoria”: memoria del “paraíso” de los primeros años; conciencia de los afanes del lírico por salvar la verdad trascendida (“Si todas las señales las ha borrado el tiempo, / yo las recuerdo ahora”). Y si en composiciones como “La casa de la herida” resuena el caos del vivir, su dureza no ciega una mirada de miedo desmantelado, de completas verdades –“Vivo en esta burbuja de daño y de belleza”-, de celebración incluso: “Tiene suerte mi mano. / Cinco millones de años / de evolución / para llegar a un hueco / perfecto para una manzana”.


9.- GARCÍA,
de Pablo García Casado.
Visor Libros, Colección Visor de Poesía, nº 901.
56 páginas.

Destacado nombre entre los surgidos recientemente desde la ciudad de Córdoba, la nueva poesía de nuestro país tiene en Pablo García Casado (1972) a una voz preocupada por la posición del ser humano tanto en el ámbito privado como en el público. Así lo demuestra rotundamente en la colección de prosas poéticas dada a la imprenta bajo el título de García, breve libro que llega tras Las afueras, El mapa de América, Dinero y la reunión de dichos tres poemarios en el volumen Fuera de campo, llevada a efecto por la Editorial Visor en 2013. “Tres vocales, tres consonantes (…) La única certeza que dejaré a mis hijos”: el apellido García, en efecto, queda consagrado en la nueva entrega poética del autor como una metáfora doble y paradójica de comunidad e individualidad.

Las dos partes del libro, “Yo soy mi padre” y “Turn”, contrastan en las aludidas visiones: la primera se centra en lo privado, en lo personal y lo familiar, y de ahí que en ella palpite el lirismo sutilmente intenso de poemas como “Todo sobre mi padre”, “Celebración” y “Cover”; la segunda no desdeña ni la política, ni la interminable crisis económica y sus consecuencias, ni el compromiso cívico. La dialéctica establecida propicia los notorios hallazgos de la definición de “soledad verdadera” –“La de estar a los pies de la cama de tu hijo. La de estar a los pies de la tumba de tu padre. La de no saber qué número marcar. Ni para qué”- o la formulación de un sencillo y revelador desiderátum –“No quiero pagadores ni beneficiarios. Sólo un pacto civil con la naturaleza. No el ajuste de cuentas, sí la esperanza”-.



10.- TRAS LA DÉCIMA COMPUERTA,
de Mario Zunzarren.
Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, n.º 540.
84 páginas.

Articulista y ensayista de prestigio, Mario Zunzarren Angós (Pamplona, Navarra, 1957) ha desarrollado paralelamente una importante labor en el campo del verso. Después de tres libros iniciales –Blanca mar entre silencios (2005), Despiértame en primavera (2007) y Pata negra (2008)-, la obra titulada Hablando en plata, de 2012, significó su inclusión en el catálogo de Ediciones Vitruvio, a la que ahora sigue un poemario verdaderamente singular, una propuesta sumamente llamativa en el contexto poético del año 2015, Tras la décima compuerta, cuya excepcionalidad queda bien glosada, de forma concisa y certera, por Luis Antonio de Villena en el prólogo a esta nueva publicación: “Es difícil hacer un libro sobre reclusos y penas. Se puede ir por estampas de realismo sucio, pero Mario Zunzarren ha preferido el monólogo lírico que mueve a la compasión (…), es decir, a intentar entender. (…) Mario Zunzarren ha sido valiente en un tema difícil, más que atinadamente resuelto”.

Si la “décima compuerta” del título constituye una referencia palmaria al aislamiento, a la pérdida de la libertad y al peso de la reclusión, lo que el autor despliega tras ella es un inteligente “continuum” capaz de armonizar la casuística de cada una de las historias con un fresco eminentemente lírico de estados del alma. “Ensoñación”, “Resignación”, “Arrepentimiento”, “Soledad”, “Angustia”, “Frustración” o “Desaliento” son algunos de los treinta poemas de un libro cuyas vetas de narratividad participan igualmente de la expresión incisiva que alcanza el poder del deslumbramiento: “Libertad, o te quiero entera con todo / o no te quiero con nada”.


11.- LOS DONES DEL OTOÑO,
de José Cereijo.
Editorial Pre-Textos, Colección “La Cruz del Sur”, nº 1.358.
96 páginas.

La obra del escritor gallego afincado en Madrid José Cereijo (Redondela, Pontevedra, 1957), integrada por cinco poemarios y una colección de relatos, se ha caracterizado siempre por la pureza y una emoción máxima. Su entrada en el catálogo de la Editorial Pre-Textos se produjo en 2003, con el tercero de sus libros de poesía, los haikus que formaron La amistad silenciosa de la luna; Música para sueños llegó en 2007 y por fin, ocho años después, Los dones del otoño ha venido no sólo a confirmar la maravilla del quehacer de Cereijo, sino también a dotar a su estilo de una naturalidad en la expresión surgida directamente desde el continuo deslumbramiento.

Ya en los primeros compases encontramos un poema de inapelable hermosura e imperecedera vida, “La aparición”; y si bien es cierto que la adoración amorosa no se constituye en médula global, sí marca la temperatura emotiva de un libro donde la conciencia de la muerte se aleja de la angustia y acaba logrando ser aprendizaje del silencio (“Estas palabras / las estás escribiendo para otro / que no se revela, que es sólo / el silencio que las acoge…”), del despojamiento (“Acostumbra a las manos / a acariciar, no a aferrarse…”) y de las paradojas existenciales (“…todo es irrepetible, y a la vez / nada importa”). La nueva entrega lírica de José Cereijo, llena de melancolía y fervor, jalonada de hitos como el poema señalado o aquel otro en que se anhelan las palabras definitivas cual si se estuviese “delante de Dios” (“…quizá valdría la pena / morir, sólo por eso”), otorga a la estación otoñal el significado de una apaciblemente undosa revelación: “Los dones del otoño / van estando contigo: la tierna luz cansada, / la silenciosa gloria del paisaje, / la familiar torpeza, la intimidad con lo que muere”.



12.- SOPORTAR LA NOCHE,
de David Minayo.
Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, nº 518.
126 páginas.

En el prólogo de Soportar la noche, Benjamín Prado describe a su autor como “un poeta con buen gusto en la mirada y habilidad en las manos (…) una sirve para lograr ver lo que no debe pasarse por alto; la otra, para contarlo de manera que no se nos olvide”. De ambas virtudes David Minayo (Madrid, 1981) hizo gala ya en su primer libro, El amor en tiempo de los desguaces de coches (2014), profundizando en ellas sólo un año después merced al ahora aparecido Soportar la noche, sustancial salto adelante en la aún breve trayectoria de esta interesantísima voz de la nueva poesía de nuestro país.

Las recientes creaciones de David Minayo –sesenta y tres poemas se agrupan en su segunda obra- van más allá de la inteligente sentimentalidad característica de su decir. El desamor vuelve a tener aquí presencia destacada –“Deberían habernos contado / que el amor es sólo / una palabra / de cuatro letras”-, pero una más profunda respiración lírica otorga al poeta las herramientas expresivas necesarias para articular preocupaciones existenciales que atañen al vacío de Dios, la finitud humana –“la vida / consiste // en darle la forma al muerto / que serás para siempre”-, la noche como angustia –“…soportar la noche // como la casa vacía intenta / deshabitarse / de sus fantasmas”-, el dolor como dinamo para la escritura –“Es indispensable / que rompas tu corazón / cada cierto tiempo, que nunca // te permitas / ser feliz”- o la individualidad del ser –“Lo prometo: / intento cada día parecerme a mí mismo. // Pero es tan difícil / que prefiero improvisar”-. Poemas tan oportunos como “Los amantes”, que afronta el tema de la memoria histórica, y otros de tanta carga emotiva como “Reflexiones frente a un antiguo huerto”, acerca del paso del tiempo y la conciencia de la muerte, redondean un libro no necesariamente anclado en la tristeza, pero sí escrito desde el fructífero pulmón de la tristeza.

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LIBROS RECOMENDADOS
POR LA
ASOCIACIÓN DE EDITORES DE POESÍA
2014
(I)
************************************************************

1.– HILO DE ORO (Antología poética, 1974–2011),
de Eloy Sánchez Rosillo.
Edición de José Luis Morante.
Ediciones Cátedra, Colección “Letras Hispánicas”, nº 740.
432 páginas.

“Que otros canten las armas y a los héroes, / los abismos del ser / o la complejidad del universo”. En efecto, humildad y honestidad definen la muy importante trayectoria lírica de Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948), Premio Adonáis en 1977 por su primera obra, Maneras de estar solo, y Premio Nacional de la Crítica en 2005 por La certeza, el sexto de sus libros. Tras los esfuerzos como antólogos de Andrés Trapiello y Juan Marqués –bajo los sellos de Renacimiento y Pre–Textos–, Ediciones Cátedra presenta ahora Hilo de oro, que toma su título de uno de los más reveladores poemas contenidos en Antes del nombre –noveno y por ahora último de los poemarios de Sánchez Rosillo–; amplia antología en la que queda perfectamente reflejada la evolución de un autor que ha hecho de la memoria individual una constante y certera apelación al corazón plural de los lectores, en un contexto de proverbial claridad expresiva y de progresivo abandono de los anecdotarios marcados por el signo doliente de la pérdida: “Supe de la añoranza y el lamento. / Ahora celebro y canto.”.

Hilo de oro nos da la oportunidad del reencuentro con textos fundamentales de Eloy Sánchez Rosillo –“La acacia”, “La playa”, “Casta diva”, “La intrusa”, “Entonces” o “Perdición”–, además de con esos monólogos dramáticos –gran especialidad de la casa– en los que el autor acierta a dar genuina vida a figuras históricas predilectas como Meleagro de Gádara, Herman Melville o Giacomo Leopardi.

2.– NOCTURNO CASI, de Lorenzo Oliván.

Tusquets Editores.

Marginales, nº 285. Colección “Nuevos textos sagrados”.

128 páginas.

Con su obra de más reciente aparición, el cántabro Lorenzo Oliván (Castro Urdiales, 1968), destacada voz de la promoción española de los 90 –ganador de los premios “Fundación Loewe” y “Generación del 27”–, confirma una vez más el aserto que ya había podido leerse en su poética recogida en Última poesía española (Mare Nostrum, 2007), con Rafael Morales Barba como antólogo: “Concibo la poesía como aventura indagadora, pero en la que la reflexión no lastre el vuelo.” Efectivamente, Nocturno casi vuelve a apostar por un decir sobrio, sumamente medido en fondo y forma, y por una muy sugerente levedad que no enfatiza conocimiento y hallazgos, sino que se concentra en la gloria nunca inútil de la búsqueda, como el propio autor lo expresa con meridiana claridad: “Me hago preguntas por crear espacio / traspasado de flechas, // que no ansían la diana que limita, / sino el vértigo vivo // de buscar.”

“Ardua trama”, “Tocar extremos” y “Visión nocturna” son las secciones de un libro cuya insólita mirada se hace más notoria a cada poema, en su muy sutil articulación de la noche y el vacío como posibilidad infinita de ardimiento, revelación y eternidad: “Al verse en el espejo de la noche, / se enciende más el fuego, / se afirma en sí / ante lo que lo niega.”

3.– OH, SIGLO VEINTE, de Pablo Méndez.
Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, nº 423.
136 páginas.

Se esperaba con gran interés la salida del nuevo poemario de Pablo Méndez (Madrid, 1975), tras habérsele concedido al autor el Premio de la Crítica de Madrid –2010 por su anterior libro, Ana Frank no puede ver la luna– aparecido bajo el sello de Ediciones Rilke e incorporado luego al catálogo de Ediciones Vitruvio, y con presencia no sólo en España sino también en Ecuador y México–. Oh, siglo veinte, la nueva obra de tan fecundo escritor –que también ha frecuentado el ensayo y la novela–, supone, ante todo, el acierto de una lealtad estética que, lejos de anquilosarse, ha decidido renovar sus votos de transparencia, cercanía y emotividad –basada fundamentalmente en los pequeños detalles definitorios del existir humano– otorgándoles ahora una profundidad de tipo histórico, cuyos diversos personajes y situaciones trascienden lo autobiográfico para situarse en el caudaloso venero de la paradoja: la nostalgia por un siglo, precisamente el siglo XX del título, en cuya “vieja y descolorida cartera” ha cabido “toda la sangre del mundo”.

Tiempo hecho lirismo, ayer y hoy puestos bajo la lente radicalmente sujetiva del artista, que, sin embargo, impulsa su voz en la seguridad de los diagnósticos de fondo compartidos, Oh, siglo veinte, por añadidura, da cabida a algunos de los mejores poemas que Pablo Méndez ha escrito en los últimos años, como “La madre”, “El hacha del abuelo” o “Club privado”: “…y es un dios enorme / el que está postrado, / el que al fin llora / el que al fin grita / el que sabe que ha muerto / y sólo es humo lo que envuelve/ su hermosura…”

4.– CHATTERTON, de Elena Medel.
Visor Libros, Colección Visor de Poesía, nº 864.
XXVI Premio “Fundación Loewe” a la Creación Joven.
56 páginas.

Aquel falsario poeta inglés, de cortísima vida, llamado Thomas Chatterton (1752–1770), por el que John Keats llegó a sentir predilección, da título al nuevo y galardonado poemario de Elena Medel (Córdoba, 1985), ocho años después de la aparición de Tara, y doce desde su tempranísima presentación en el campo de las letras merced a Mi primer bikini, Premio Andalucía Joven – 2001. Sin embargo, y tomando esta nueva obra en su conjunto, no es el polémico –y bajo cierto prisma, genial– trabajo de Chatterton lo que interesa a la autora, sino su condición de joven malogrado, o mejor, dominado por una súbita conciencia de desengaño existencial. Eso es precisamente el motivo conductor de la nueva entrega poética de Medel: el desengaño prematuro, la sensación de un fracaso que más bien tiene que ver con la imposibilidad del cumplimiento de un ideal forjado en los años de la adolescencia. En definitiva, poesía de la edad realmente dolorosa, pues ha de asumir sin ambages su naturaleza imprevista: “Pensé en mi edad y pensé en vosotros y pensé / que nadie me avisó de madurar así, junto a la vida y el frío / en el cajón / de la fruta que se pudre.”

De naturaleza bien sucinta, y con ese gusto tan propio de la autora por las elipsis de sentido que alzan muy específicas construcciones, los quince textos que integran Chatterton registran un notorio adelgazamiento de referencias juveniles respecto a anteriores trabajos, y se encaminan hacia la brillante conclusión delimitada por los dos últimos poemas de la obra, certeros y demoledores.

5.– EL SUEÑO DEL AMOR, de Manuel Juliá.
Ediciones Hiperión, Colección Poesía Hiperión, nº 661.
96 páginas.

Periodista y brillante articulista, narrador y también poeta, el escritor manchego Manuel Juliá (Puertollano, 1954) tiene en marcha uno de los proyectos más ambiciosos e interesantes de la lírica española actual: la trilogía que, siempre bajo el sello de Ediciones Hiperión, dio como primer fruto el poemario El sueño de la muerte, de 2013, prosiguiendo ahora con El sueño del amor para cerrarse, en un futuro próximo, con el ya anunciado libro que llevará por título El sueño de la vida. Vida, muerte, amor: las tres heridas hernandianas, efectivamente, cuyo vínculo aquí radica en la idea de sueño, de irrealidad o, si se prefiere, de fragilidad extrema de la esencia humana a causa de su condición efímera. Por eso el sujeto poético regresa porfiadamente al ámbito textual, “para sentir una nostalgia que no tenga ni principio ni fin, y no sepa si habita en el vacío de las palabras, o en el silencio de la aurora”. Y por eso también busca “el amor que se fue, o el amor que llega, para poder regresar con una esperanza al vacío.”

Imaginería fértil y plena de asociaciones libres –violentas incluso–, ritmos sincopados y un tono de vehemencia sostenida son quizá los rasgos fundamentales de esta obra de alto voltaje, El sueño del amor, cuya división tripartita, además de hacer honor al trazado general del proyecto, sirve a Juliá para plantear con eficacia el itinerario amoroso más acorde con la vida misma: gozo, pérdida, memoria.

6.– AULLIDO DE LICÁNTROPO, de Carlos Álvarez.
Prólogo de Manuel Rico.
Bartleby Editores, Colección Bartleby Poesía.
188 páginas.

Dos primeras ediciones en la colección Ocnos (1975, 1976), y una tercera bajo el sello de Endymion (1980), bien merecían que Aullido de licántropo retornara a la esfera de las lecturas posibles para los amantes de la poesía en el momento presente. Bartleby ha llevado a efecto la recuperación de esta jugosa rareza en la más reciente historia de la literatura de nuestro país, cuyo singular carácter radica en su doble condición “lateral”: si, en opinión de Manuel Rico –prologuista de esta oportuna reedición–, la obra de Carlos Álvarez (Jerez de la Frontera, 1933) podría hallarse en tal lugar respecto a la generación española del medio siglo, Aullido de licántropo, en sí, se constituiría como un “artefacto lírico–narrativo” –en definición de Manuel Rico, nuevamente–, bajo cierta conjunción de perspectivas que hace de los propios poemas tan sólo la parte más tipificada, sin duda, de un todo explosivo, en el que cabe la política, el izquierdismo expreso y el antifranquismo velado; los guiños a la tradición poética castellana, y las referencias a la literatura y el cine de terror. Por supuesto, siempre con la figura del hombre lobo, del licántropo, por guía constante y a manera de símbolo del desarraigado o disidente que asume el papel de aprendiz de aniquilador de una sociedad injusta y represora.

Cabe felicitarse por la reaparición en nuestro inmediato panorama de este libro paradigmático, todo un testimonio de época, e imaginativo ejemplo de cuanto literariamente puede conseguirse desde los márgenes de un canon establecido.

LIBROS RECOMENDADOS
POR LA
ASOCIACIÓN DE EDITORES DE POESÍA
2014
(I)
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7.- PORNOGRAFÍA PARA INSECTOS,
de José María Parreño.
Editorial Pre-Textos, Colección Poesía, nº 1.271.
96 páginas.

Profesor universitario, crítico de arte y comisario independiente, José María Parreño (Madrid, 1958) ha ido desarrollando, de forma paralela, una sólida carrera como escritor –en su día, además, fue Coordinador de Literatura en el madrileño Círculo de Bellas Artes-; carrera cuyos inicios se remontan a 1980 –cuando su primera obra, Instrucciones para blindar un corazón, obtuvo un accésit del Premio Adonáis-, y que en 2006 había cubierto una última etapa con el volumen titulado Poemas de amor y no. Por fortuna, el silencio lírico se ha roto merced a una creación extraordinaria: Pornografía para insectos, o más bien El desvividor, como el propio Parreño explica en el oportuno prólogo: “Éste no es el libro que yo quería escribir (…) Sus páginas están redactadas a escondidas de mí mismo. Es la autobiografía de un yo al que antes no había tenido acceso”.

Efectivamente, la nueva obra de José María Parreño, estructurada en un poema inicial y cuatro partes –de entre las cuales la segunda se halla dominada por una ocurrente ironía no exenta de terribles acentos, y la cuarta versa enteramente sobre Dios y la trascendencia-, aborda con imaginación y coraje los misterios de la individualidad. “Soy la página / que rompe, / la nota / que no sabe descifrar, / la errata / que olvida / corregir. // Soy su mitad o más. / Pero no tengo nombre”, leemos en Pornografía para insectos o El desvividor, donde la permanente sensación de derrota (“quise ser más, / mejor, / distinto, / y hoy agradezco / haber fracasado”) no renuncia al instante de la revelación poética, y de ahí la porfía en la búsqueda pese a la sinrazón del destino humano, o precisamente por su causa: “Por eso suplico luz / para entender. // Un segundo de luz / suficiente / para entender, / aunque sea la del rayo / que me fulmine”.

8.- ÁCIDO ALMÍBAR,
de Rafael Soler.
Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, nº 414.
124 páginas.

La sucesiva aparición, en un lapso de cinco años –entre 2009 y 2014-, de los poemarios Maneras de volver, Las cartas que debía y Ácido almíbar, ha colocado nuevamente a Rafael Soler (Valencia, 1947) en la vanguardia del actual panorama literario español, donde ya había dejado honda huella como novelista de culto a comienzos de los años 80, además de un inaugural libro de poemas, Los sitios interiores (sonata urgente), que llegó a ser publicado bajo el sello de la Colección Adonáis.

Voz realmente singular, dotada de una gran potencia expresiva, cuyo rasgo más fácilmente reconocible quizá sea esa permanente tensión en el lenguaje que propicia la indagación poética, el canto afilado de Rafael Soler se crece en la feraz intersección de la ironía y la ternura –territorio del que brotan poemas tan brillantes e inteligentes como “Pluma que no escribe, pájaro que vuela”-. En cierto modo, Ácido almíbar, a lo largo de sus siete secciones, va más allá de la concepción que había sustentado el anterior Las cartas que debía: individualidad y pluralidad no aspiran de nuevo a fundirse en un segmentado retrato colectivo, sino a la más sofisticada composición de una vida capaz de mirarse, y también de reconocerse, en otros recorridos biográficos; en otras experiencias, memorias, dudas y expectativas, asumidas siempre desde el rigor poético, sin confundir los días con su prosa. Condenados a ser libres, según la máxima sartreana, Soler acierta a plantear al lector, una vez más en el feliz transcurso de su trayectoria creadora, la exhortación total que es compromiso humano: “lánzate escúchate atrévete / cuando enciendan la luz / y justo a tiempo empiece el infinito”.

9.- EL PULSO DE LAS NUBES,
de Javier Lostalé.
Editorial Pre-Textos, Colección Poesía, nº 1.299.
64 páginas.

La madurez creativa del periodista, escritor y, por encima de todo, poeta Javier Lostalé (Madrid, 1942) ha deparado dos prominentes entregas en los últimos años: Tormenta transparente, de 2010, y ahora El pulso de las nubes. En ese cuatrienio, las antologías Rosa y tormenta (2011) y Azul relente (2014) han contribuido a asentar, entre los amantes de la poesía en lengua castellana, una obra interesantísima cuyas primeras muestras –la carrera literaria de Lostalé alboreó allá por 1976, con Jimmy, Jimmy- fueron agrupadas ya, en 2002, en el volumen titulado La rosa inclinada –una de las enunciaciones líricas predilectas del autor, por cierto-.

“Mientras en tu alma atardece, / respira por última vez / todo lo que te dieron / y ámalo también hasta su último resplandor”: versos finales de “Toda la vida…”, poema inicial de El pulso de las nubes, que pintan inmejorablemente el dilatado y vívido crepúsculo donde mora el sujeto de este libro conmovedor. La pureza doliente de Rilke y la vehemencia extática de Aleixandre, imprescindibles referencias para Lostalé, vuelven a iluminar la humildad del poeta, ese solitario que tiene “toda la luz dentro, / por eso se convoca a noche perpetua / sin dejar nunca de amanecer”; el que “callado se apaga a la puerta de su jardín / para que brille intacta la rosa de todos, / y canta luego la dicha plena / de ser en lo que no le pertenece”. Música de silencios y amor, desposesión y nubes (“…universal pulsación de lo aún no concebido”), Javier Lostalé nos regala aquí, además, algunos de sus poemas más intensos, como el valeroso “Nunca por nadie” –salto mortal sin red-, el esencial “Niebla” o el clarividente “Esperar”: “Quien espera se conquista / sin antes tener que rendirse…”.

10.- MÁS ALLÁ, TÁNGER,
de Álvaro Valverde.
Tusquets Editores.
Marginales, nº 286. Colección “Nuevos textos sagrados”.
120 páginas.

“Está allí, pero la traes contigo”. Así de contundente es la presencia interior de la ciudad marroquí de Tánger en el nuevo libro del escritor extremeño Álvaro Valverde (Plasencia, 1959), cuya trayectoria poética quedó asentada ya hace más de veinte años, desde que en 1991 obtuviera el Premio Internacional “Fundación Loewe” con Una oculta razón. Desde entonces, Ensayando círculos, Mecánica terrestre y Desde fuera han jalonado su andadura con Tusquets Editores, sumándose ahora precisamente este Más allá, Tánger de diáfana escritura y muy sutil construcción, pues en él “se entrecruzan dos voces”: la de una mujer “que vuelve muchos años después a la ciudad donde nació”, y la de un hombre “que la visita por primera vez”. A todas luces, vínculos familiares conceden a la subyacente historia un subido lirismo.

De cualquier modo, Tánger ostenta el auténtico protagonismo en el devenir del poemario, y ello en virtud de la citada diafanidad de toda la composición. La ciudad en la que se “respira tiempo” es “reflejo de un fervor”, y representa la “edad clausurada” en la que se habita, circunstancia favorable a las paradojas del corazón, a sus emboscadas plenas de sentido: “Lo raro es que al bajar y tocar puerto / te sientas un extraño que regresa”. Conjugando el espacio, el tiempo y la memoria con los mimbres de la sencillez expresiva y la fija atención a los hondos claroscuros que de pronto se presentan, Álvaro Valverde levanta el transparente laberinto del arraigo a un lugar que es, ante todo, sentimiento (“Te espera otra ciudad / pero es en vano: / estás seguro / de que salir de Tánger / no es posible”).

11.- LA ETERNA CUALQUIERCOSA,
de Martín López-Vega.
Editorial Pre-Textos, Colección “La Cruz del Sur”, nº 1.292.
76 páginas.

Entre las propuestas más consolidadas de la nueva poesía española se cuenta la aportada por el asturiano Martín López-Vega (Poo de Llanes, 1975), tras un trabajo iniciado tempranamente, hace ya dos décadas, y que ha venido dando origen a una decena de poemarios en lengua castellana –el autor escribe igualmente en bable-, con títulos como Travesías, Árbol desconocido, Extracción de la piedra de la cordura, Gajos o Adulto extranjero. Premios como el “Emilio Alarcos” y el “Hermanos Argensola” han procurado mayor visibilidad a una creación caracterizada, según el crítico y profesor Rafael Morales Barba, por la línea clara, el neorrealismo y la reflexión, incorporando a sus poemarios “múltiples referencias culturales”.

La eterna cualquiercosa, el nuevo libro de Martín López-Vega, abunda en todo ello; de hecho, un poema como “Relación de reparaciones…” supone la recreación virtuosística de cierto culturalismo bien entendido, franqueable y evocador. Con todo, la obra logra ser, fundamentalmente, un sosegado canto a las pequeñas cosas, a esa “eterna cualquiercosa” que aparece ya en el mismo título, y con acierto. “Como una multitud reconciliada, / camino solo entre la bruma / igual que un rinoceronte entre las ruinas / de un mundo suyo y no suyo. / Es hermosa la existencia”. Así, las súbitas nostalgias, cierta vena irónica y la conciencia de ser “aplicados orfebres de lo efímero”, no empañan la final voluntad de los seres humanos para “que aquello que plantamos nos sobreviva / y siga creciendo, ya sin nosotros, / para otros”. No sorprenderá, pues, la cerrada defensa de la escritura por parte del autor, que leemos en el gran poema “Una manzana para Margarita”: “Por eso escribo poemas / para sentir la salud / para encender la luz / que una y otra vez el viento de la vida apaga”.

12.- MORTÍFERO, INGENUO Y TRANSPARENTE,
de María Solís Munuera.
Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, nº 464.
76 páginas.

“La autora juega con las contradicciones más sublimes y asombrosas, sabiendo que a la poesía le gustan los extremos que al juntarse estallan como aerolitos en el cielo del alma y en el del paladar.” Son palabras que pueden leerse en el prólogo a Mortífero, ingenuo y transparente, de María Solís Munuera (Madrid, 1976); palabras del escritor Jesús Ferrero, quien califica de “abisal” a este, en puridad, primer poemario de la autora, tras la previa aparición de un cuaderno denominado Hordas (2011). Precisamente “Hordas”, junto con “Banquete” y “Río”, conforman las secciones de este nuevo y tripartito poemario, que nos descubre plenamente a una voz de imaginación fortísima, bien afinada en una personal conjunción de surrealismo y expresionismo –el poema titulado “Hotel” se antoja, al respecto, un “tour de force” en sus escenas sucesivas-, pero capaz también de conciliar tradición y modernidad hasta extremos de raro virtuosismo, como el que demuestra el delirante soneto “Pavo real”.

Suerte de “suite” caleidoscópica en la que el sujeto lírico se diluye en aras de una visión múltiple, y en absoluto unívoca, de la realidad, el animal “mortífero, ingenuo y transparente” encarnado por la medusa se convierte muy pronto en símbolo de una totalidad contradictoria, peligrosa aunque sutil (“pero el mar son espasmos de medusa”), reflejo ineludible de la condición humana, que conduce a inesperados vértigos –atención a “Santa Úrsula en el supermercado”-, o a una iluminación tan contundente como la de “Desahucio (o piel)”: “Mi piel nació conmigo y conmigo se estira. (…) Prefiero aventurar que me aventaja, ella crece / y tengo que esforzarme / para estar a su altura. / Se cansará de todo antes que yo”.